De cómo perdí un bebé y a Eva Gina (2)

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Puedes leer la primera parte aquí.

En la primera entrada de esta serie intenté explicar cómo pasé de estar relativamente satisfecha feliz en mi auto engaño a quedarme en paro, reducida a nada y totalmente agotada de vivir. Ahora me gustaría explicar cómo a continuación renací cual ave fénix, pero nada más lejos de la realidad; la lié bastante parda.

Cuando tengo miedo de que algo salga mal lo estropeo yo personalmente. Me gusta tener el control, disfruto con los spoilers y soy poco amiga de las sorpresas, así que prefiero mil veces fastidiar algo que tiene un resultado incierto antes que dejarme llevar y sentirme indefensa frente al desenlace.

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Así que en lugar de descansar y recapacitar me puse a trabajar de nuevo cuanto antes. Y en vez de centrarme en una cosa, cogí asignaturas en el ciclo que tenía a medias… y también otras tres asignaturas de la ingeniería, ¿por qué no?

Y como aún me quedaba un poco de espacio para ser persona, también hice todas las horas extra del mundo en el trabajo.

Tengo complejo de vaga y flojuna, y me gusta tan poco esa imagen que me hago ese tipo de cosas. En parte es un castigo, y en parte una especie de mano dura conmigo misma para ponerme las pilas y rendir aceptablemente, porque, por más que haga, siempre me asquea la sensación de que no doy golpe y que soy capaz de mucho más.

No voy a ahondar en los detalles, pero obviamente esta conducta repercutió en mi relación, en mi salud, en mi cordura. Me sentía acorralada por todos los compromisos en los que estaba metida. Había salido del armario respecto a mi verdadera necesidad de tener otro hijo, y no sabía gestionar la incapacidad aparente de mi pareja de darme un NO definitivo a esa pregunta (recordad, la incertidumbre me mata, así que casi prefería un no rápido e irreversible).

Muy en mi línea, necesitaba que todo ardiese, que no quedase nada, y a partir del desastre construir de nuevo.

Obviamente entre toda esta basura el blog tenía muy poco peso, y lo fui dejando. El seudónimo me resultaba absurdo. La mitad de las cosas que había publicado me sonaban estúpidas. En fin, se me hacía cuesta arriba. Al final, con mucho esfuerzo, tomé la decisión de desmontarlo. Me di el permiso para “abandonar” ese proyecto, lo cual es algo que no suelo hacer y que me cuesta horrores (tu, una vez más abandonando, si es que nunca terminas lo que empiezas, caprichosa).

Decidí comprar una libreta nueva -ésta que estás leyendo- y conservar sólo algunos posts muy preciados con los que sí me identificaba. Desgraciadamente no leeréis nada de eso, porque finalmente tuve un problema con la base de datos y esos 3 años de contenido se perdieron para siempre. Sobran las valoraciones, seguro que podéis empatizar. Así es que, de esa manera tan poco digna murió Eva Gina.

Y en estas, que en una falsa alarma todo pareció resolverse y llegó un embarazo. Lo supe absurdamente pronto, y en ésto nunca me equivoco. Os podéis hacer una idea: después de unos meses horribles, de pensar que todo mi proyecto de vida y estabilidad habían sido un espejismo y  se iban a desmontar como un castillo de naipes… después de todo eso descubro que voy a ser madre otra vez. Una alegría enorme que sólo me duraría 3 días.

 

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