¡Estoy (muy) embarazada!

mamifiera

Sí, sé que debo la tercera parte de la trilogía sobre mis penas recientes y el motivo por el que dejé mi antiguo blog, pero ahora mismo no tengo el cuerpo para compartirlo.

A grandes rasgos, creo que basta con explicar que en junio perdí un bebé.

Pero en julio, contra todo pronóstico, volví a quedarme embarazada. Y vaya, qué distinto es el embarazo después de una pérdida. Recuerdo que con mi primera hija el mismo día en que mi hice el test ganador ya se conté a todo el mundo. Estaba pletórica y quería que todo el mundo compartiese conmigo lo que estaba viviendo. Me sentía parte de un club especial, tras muchos meses de búsqueda infructuosa al fin iba a ser mamá.

mamifiera

Pero esta vez todavía no había procesado lo ocurrido el mes anterior. La ausencia del bebé 2 era aún tan grande que la presencia del bebé3 se me antojaba entre inmerecida e ingestionable. Por irracional que parezca, después de un aborto resulta raro alegrarse de forma franca e incondicional cuando llega otro bebé. Tampoco es algo que puedas compartir con los demás, el entorno tiende a racionalizarlo (te dirán que no era una persona, que no sintió nada, que no vale la pena pensar en ello) y encima el hecho de re-preñarte tan pronto te hace algo así como poco merecedora de la empatía ajena. Qué pesada tú, insistiendo en añorar ese bebé si ya tienes otro en camino.

En fin, es complicado. Sé que las que lo habéis vivido lo entendéis. Comprendéis que no pasa un día sin que tenga un momento para recordar a esa persona que no fue -que para mí siempre será-, que siga sintiendo un nudo en el estómago por mucho que me ilusione y me vincule a este embarazo y que no tiene nada que ver con auto compadecerse ni negarse a avanzar.

Y respecto a este embarazo… la felicidad es compatible con la angustia. Al principio estaba contenta pero me aterrorizaba creérmelo. Me di cuenta de que estaba embarazada quizá demasiado temprano (os prometo que, 24h después de la implantación, me levanté una mañana y le dije al Fiero “yo estoy embarazada”, y por más que el test lo negó seguí repitiéndolo casi a diario hasta que me dio la razón), así que los días se hicieron eternos según iba cumpliendo pequeñas metas: hasta llegar a ver el test positivo, hasta la primera falta, luego 6 semanas, luego 8… cada día que permanecía agarrado a mí era una pequeña victoria y también un “pero aún no te lo creas demasiado”. Me sentía “menos embarazada” que las que estaban al menos de 4 o 6 meses, sin barriga, con la amenaza de otra pérdida, sin ninguna garantía de que al día siguiente no me fuese a levantar rememorando lo que pasó en junio. Para una controladora como yo, el embarazo es un doloroso ejercicio de confianza, de dejarse ir, de esperar que todo ocurra como debería y no poder hacer nada para asegurarlo.

Y el miedo no me permitió, entre otras cosas, compartirlo aquí. Pero ahora ya no tengo miedo, ni me siento ilegítima. Ahora sí creo que llevo el timón. Tengo una barriga muy hermosa, ya he firmado el contrato de mi parto en casa (un trámite que desde fuera parecerá mínimo, pero que me ha relajado x1000) y estoy deseando volver a vivir todas las cosas que salieron bien y mal, esta vez con apoyo e información. Esta vez nos va a salir de miedo 🙂

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